Gobiernos e instituciones a escala internacional impulsan las alternativas

Los ensayos animales van quedando acotados, poco a poco, también por iniciativas y estrategias que prosperan alrededor del planeta.

8 julio 2026

Un análisis estricto, y objetivo, diría que la utilización de animales en la ciencia y la docencia no puede perpetuarse mucho tiempo. Las tendencias que se observan, científicamente hablando, describen un panorama donde queda constatado que los métodos in vitro (cultivos personalizados, órganos en chip u organoides) e in silico (sistemas de computación o inteligencia artificial) progresan de manera exponencial. Su fiabilidad es grande y comparable con aquello que sucede en las personas, y este hecho, sumado al coste menor y a una efectividad notoria resulta en un crecimiento continuado del sector. El dinero, una ciencia más robusta, y la conciencia respecto a lo que padecen los distintos animales, ya dejan debilitada la práctica secular de maltratar a seres vivos solo para “investigar”. Pero a esta circunstancia se le añaden ahora mismo decisiones y planes de instituciones con enorme envergadura, que aunque en forma paulatina, favorecen un cambio de paradigma inevitable, por mucho que los sectores reticentes se resistan a este cambio, que deberán aplicar tarde o temprano.

Avance en Estados Unidos

Dos ejemplos de agencias de gobiernos que ya están actuando, se ponen aquí de ejemplo (aunque habría muchas más) pues representan a las dos grandes potencias económicas del mundo: China y los Estados Unidos.

En la America de Trump hay muchas cosas que andan mal en referencia al medio ambiente. Pero hay que reconocer que tanto en su anterior mandato (2017-2021) como en este presente (que empezó el 20 de enero de 2025) ha fijado una línea en varias administraciones para acabar con los tests innecesarios que involucran animales. Por un lado, el Departamento de Salud (Department of Health and Human Services) definió desde un inicio, y de manera reiterada, mediante declaraciones de su propio secretario, Robert F. Kennedy Jr., que una de sus prioridades iba a ser el reducir los ensayos con animales. Al respecto, dos agencias que dependen de esta pata del gobierno federal, la Food and Drug Administration y el National Institut of Health han dado pasos de gigante. La primera lanzó ya, en abril de 2025, un plan concreto para poder reducir los experimentos animales en las pruebas preclínicas pertinentes hechas por seguridad. Y ahora en junio, la segunda, abrió una nueva oficina (Office of Research Innovation, Validation, and Application (ORIVA) que deberá dedicarse de manera exclusiva a impulsar el uso de alternativas en la investigación básica. Y lo hará desde la ciencia y fomentando la validación y difusión de estas metodologías, centrándose sobre todo en modelos de organoides y en nuevas tecnologías de supercomputación. Todo ello, y en palabras de su propio director, Jay Bhattacharya, con el fin de “mejorar la eficiencia de la empresa y el progreso en toda la investigación biomédica”.

Más allá de la salud, y de igual forma, una agencia independiente como la EPA (Environmental Protection Agency) que depende en exclusiva, para dudas, del presidente americano, anunció el pasado 22 de enero el compromiso de acabar en nueve años con las pruebas animales, retomando lo que ya había iniciado en el 2019 y que el gobierno de Biden ignoró. La Agencia de Medio Ambiente utiliza sobre todo roedores para evaluar los efectos perniciosos que podrían conllevar los pesticidas, agentes contaminantes u otros químicos empleados en la industria alimentaria y otros campos. Animales que, con esta directiva establecida con la colaboración de oenegés tan importantes como PETA, quedarían liberados.   

China se abre poco a poco

Y en la China, aunque a pasos más modestos, se va abriendo un poco más la opción de comercializar productos cosméticos varios, sin que sea obligatorio que antes hayan superado ensayos con animales. A principios de este junio, el órgano administrativo responsable, la Administración Nacional de Productos Médicos de China (NMPA, por sus iniciales inglesas), propuso extender la excepción que obliga que los cosméticos que se quieren vender en ese país deben haber sido testados utilizando animales. La restricción imperante en un inicio a los productos del sector probados con alternativas, se rompió en 2014, cuando la potencia asiática habilitó a las compañías nacionales de testear con métodos alternativos los cosméticos de “uso ordinario”. En el 2021 se amplió este permiso a empresas internacionales. Y ahora lo que se ha propuesto es que entren en el saco, igualmente, los productos de cosmética considerados para “usos especiales”, fomentando poco a poco que las multinacionales puedan usar organoides u otros sistemas de prueba, sin perder ningún dinero, ni dañar los animales.   

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