Menos peces, pero pruebas más severas

12 noviembre 2025

Se publica el nuevo informe anual sobre los usos de animales en experimentación

El Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación ha publicado esta semana el nuevo informe sobre empleo de animales con fines regulatorios, científicos y de docencia. Es la comunicación a la que obliga la Directiva Europea 2010/63/UE relativa a la protección de los animales utilizados para fines científicos, y que recoge, en este caso, las cifras de 2024. El trabajo se elabora en base al conjunto de datos declarados por los distintos laboratorios, los criadores y los suministradores, y por las autoridades (autónomas, estatales y también comunitarias). La diversidad de agentes incluidos en el reporte, los modelos empleados que se van actualizando, y la variabilidad del personal, hacen que, entre años, los informes sean poco comparables y no 100% exactos.

Este año, además, hay que contar que el País Vasco ha reportado, solo en parte, la actividad de sus centros.

Resultados generales

Durante 2024 el número de usos de animales en España descendió hasta la cifra de 887.241, comparando con los 1.144.214 comunicados en el 2023. No está de más recordar que en el informe solo se cuentan los usos (relativos a aquellos procedimientos terminados), pero no los animales empleados. Este hecho significa que un único individuo puede ser utilizado varias veces, agravando por lo tanto el sufrimiento. En concreto, este año, fueron 12.018 los animales reutilizados en más de un experimento, una cifra que ha afectado mayormente, y por orden porcentual, a gatos, équidos, perros, cabras, conejos, cerdos y vacas. Este monto significa un 1,35% del total, proporción que es muy similar a la de 2023, que fue del 1,55%.

Estas cifras generales, muestran una reducción que es engañosa. Primero porque faltan datos de Euskadi, y después porque gran parte se debe al claro descenso (de un 58%) en el empleo de peces (en especial de lubinas o pez cebra), destinados mayormente a estudios de acuicultura, biología o a indagaciones sobre el sistema circulatorio.

Destaca, por otra parte, la subida en el uso de las aves, que en una gran mayoría (95%) son gallinas, y responden a pruebas sobre las nuevas epidemias, el testeo de vacunas pertinentes y sus pautas nutritivas. Y el aumento de reptiles (como la tortuga boba o la lagartija de Pitiusas), en estudios con fines de protección; y de cefalópodos (que han subido en un 33%) vinculados al interés que despiertan los proyectos para su cría en cautividad.

Experimentos más severos

De manera subjetiva, el sufrimiento de los varios animales, se evalúa al final de los ensayos, y se incluye en 4 categorías según su severidad: “sin recuperación”, “leve”, “moderada” o “severa”. Este 2024 han aumentado los ensayos moderados, que han supuesto, un 39,37% del total, los severos (7,83%) y también los que terminan con la muerte de los seres empleados, o “sin recuperación” (2,49%).

Cabe resaltar, para concluir, que la mayor parte de pruebas, sin cambiar sustancialmente el equilibrio respecto a años anteriores, se dirigen a la investigación aplicada (40,76%), seguida por los ensayos que responden a la investigación básica (35,23%) y por aquellos destinados a producción rutinaria y a pruebas regulatorias (que muestran un incremento destacado, pasando del 11,47% de 2023 al 22,12% de este 2024). Del monto de experimentos, aún hay campos donde existen de hace tiempo alternativas validadas, y no obstante, utilizan a animales. Es el caso, por ejemplo, de las pruebas de pirógenos (que analizan si una sustancia en cuestión provoca fiebre). Son ensayos que en su inmensa mayoría utilizan a conejos, y acaban representado un 4,02% del total.

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